MOMENTO ZEN DEL DÍA: El resto no tiene la culpa

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Ya acabó la semana, cosa que me emociona porque ésta semana ha sido de aquellas que da la gana de poner “supr“, pero -porque hay un pero muy importante -como lo bonito de la vida es no perder ningún momento -por más horrendo que parezca- ya que como dicen las abuelas : “siempre se aprende algo”, hoy les dejaré la lección que aprendí ésta semana para el momento zen del día.

No importa cuán enfadado puedas estar con el día, con el trabajo que no disfrutas o que te quita más de lo que te da, con el tiempo que no alcanza, con la gente que nos harta, o por la falta de sueño, o porque dormimos de más ya que no tenemos que hacer… por si no habías reparado en esto: La gente que te rodea – y que no tiene nada que ver con tu enfado o frustración- NO TIENE LA CULPA.

Ok, se supone que esta es una lección que todos deberíamos saber pero como pasa a veces, determinadas situaciones pueden hacernos padecer de amnesia selectiva, por decirlo de algún modo, y olvidarnos de este principio de convivencia básico: ¡NO MOLESTAR!. Como no soy psicóloga, pero he leído algunos libros sobre el tema, no me atrevo a escribir éste post desde un análisis más allá que el de mi propia experiencia, y en particular, la de esta semana.

En algunos momentos de la vida, cargas tanto contigo que sientes que la única forma de desquitarte con la vida, es atacando al primer ser que pase frente a ti o a todos – depende el nivel de enojo, tristeza o frustración que tengas- y en el transcurso puedes llegar a malograr el día de ese alguien que no contribuyó en nada a tu estado de ánimo, ese que ni conoces o peor aún, a quien conoces y que te conoce tan bien que tus palabras o actos pueden dañar y ni lo notas o no te importa en ese momento, pero que sabrá entender que son uno de esos días…esos días, por el que todos hemos pasado.

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Si me preguntan, esta semana fui una de esas personas, de las que no dan ganas de tener cerca. Intentaba reírme lo más natural posible de las bromas que me contaban sin sentirlo, pretendía oír a alguien cuando la verdad mis preocupaciones eran otras, buscaba distraerme y hasta lo que pretendía distraerme me fastidiaba, me hartaba la bulla, el silencio, tener mucho que hacer o no tener nada que hacer …todo! y sólo quería que acabe la semana y cada día despertaba sin ganas, porque me hice saber desde el primer día de la semana, que ésta sería una mala semana y por qué, pues imagino que todos necesitamos sentirnos miserables de vez en cuando y que la gente sienta lástima por ti -cosas dramáticas que uno tiene, como si tu vida fuera la peor que hay- y sí, así fui yo esta semana.

Una mañana, luego de haber pasado sólo 3 horas desde que desperté, ya me había pasado de todo, ya desanimada iba camino al trabajo cuando en el camino me crucé con una señora, de bastante edad, que estaba en la calle vendiendo algo -no recuerdo qué y para el caso no tiene mayor importancia- y aunque estaba con todo el enojo encima -que según yo no se notaba- me detuve frente a ella y le dí algo de comida que se suponía sería mi desayuno y que traía en ese momento conmigo – no digo ésto para dejar constancia de mi acto, porque creo que si haces algo porque te nace no necesitas pregonarlo, queda en ti y ya, pero bueno, ese no es el punto- la señora me sonrió y me tomó el brazo como si hubiese hecho algo más por ella que sólo haberle dado comida y pasó lo que pasa cuando te sientes bien por algo, una paz que no sé explicar. Pensé “quizás le mejoré el día”, porque muchos habían pasado de largo sin notarla, fue en ese momento que respiré hondo, pensé en cómo iba mi día y me di cuenta -como pasa cada vez que me quejo de algo y los comparo con lo que veo- mis problemas no son nada.

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Como he dicho en algún otro post -y es algo en lo que creo firmemente- la felicidad no es un estado permanente de la persona, pero debemos hacer todo para encontrarla y aun en días – o en semanas- como éstos, hay que mantener el optimismo porque se vienen más y si algo no sale como esperamos, EL RESTO NO TIENE LA CULPA. Deberíamos buscar algo que nos de paz, en mi caso: la música, estar con las 3 personas que más quiero y llegar a casa con mi hei-sei (el perro más lindo que existe) que me espera como nadie, es lo que logra en mí un efecto muy parecido al de la felicidad.

Hay personas que desquitan sus frustraciones, sus problemas de casa, pareja, sus insatisfacciones profesionales, académicas, etc., con la gente con la que trabaja, con la que convive, con extraños en el bus… Si algo aprendí esta semana es que, se pierde más actuando así, que depende de cada uno mejorar ese ánimo y no permitir que nada y mucho menos nadie, te quite el buen humor -esa es una de las frases célebres de mi querido novio-, a veces una sonrisa de alguien ayuda -y mucho- y aunque todo ésto ya lo sabía, mi mente lo había olvidado esta semana y la vida me lo hizo recordar. 

Finalmente, hay días complicados y vendrán más de seguro, pero vale la pena apostar de que el siguiente será mejor…

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